¿Con qué versión de Tigre se topará Atlético Tucumán este domingo? ¿Con la de la primera parte del año, aquella que supo posicionarse como una de las sensaciones del fútbol argentino? ¿O con esta actualidad bastante más pálida que ha mostrado en las últimas presentaciones? La incógnita, hoy, por supuesto que está lejos de tener una respuesta concreta. Pero hay algo que es indiscutible: el equipo de Victoria en este 2026 fue una formación con dos caras. Una, mucho más temible que la otra.

El comienzo del Apertura para los dirigidos por Diego Dabove fue casi de película: cinco triunfos en los primeros seis partidos y un invicto que se extendió durante las ocho fechas iniciales. Resultados que no sólo le permitieron subirse a la cima de la tabla, sino también cargarse de ilusión de cara a la Copa Sudamericana.

Las goleadas 3-1 a Racing y 4-1 a River en el Monumental lo convirtieron rápidamente en el equipo del momento. El atractivo principal era clarísimo y residía en su delantera: José David "Rulo" Romero e Ignacio Russo -hijo de Miguel Ángel Russo- se transformaron en las armas más peligrosas de un conjunto bonaerense que se permitía soñar con el protagonismo absoluto.

La sequía del "Davobismo"

Sin embargo, un día la racha se cortó. Fue el 12 de febrero, en la victoria 1-0 sobre Aldosivi, la última vez que el equipo celebró los tres puntos. Desde allí, la sequía absoluta: ocho partidos consecutivos sin festejos en casi dos meses.

Algo pareció quebrarse. El "Davobismo" -bautizado así por el fanático "matador"- dejó de dar frutos. "Estilo futbolístico basado en la cabeza fría, el corazón caliente y la garra colectiva, donde el orden y la convicción prevalecen sobre el brillo individual", explicaba la cuenta oficial del club en X para describir el sello del DT. Pero en el camino, algo de esa esencia se perdió.

Ni los goles de Romero (segundo máximo artillero del torneo con seis tantos) ni los de Russo han sido suficientes para enderezar el rumbo. Tampoco la jerarquía de Gonzalo "Pity" Martínez, las aventuras individuales de la joya surgida en Independiente Santiago López o las trepadas de Nahuel Banegas (con pasado reciente en la vereda de enfrente, en San Martín). Incluso la solidez de Alan Barrionuevo, pilar defensivo en el arranque, empezó a mostrar fisuras.

Entre la Copa y el torneo

En este contexto, Tigre debutó en la Sudamericana con un empate 1-1 con Alianza Atlético en Perú y ya mira de reojo el duelo frente a Macará de Ecuador. Con Atlético en el medio de ambos compromisos, la moneda queda del lado de Dabove: ¿guardará soldados para el plano internacional o priorizará el torneo local, donde todavía se mantiene séptimo con 17 puntos en zona de clasificación?

Por el momento, todo indica que el DT no se guardaría nada. Respetaría su 4-4-2, con líneas juntas y ordenadas, listas para romper verticalmente tras la recuperación. Así, Tigre saldría con: Felipe Zenobio; Guillermo Soto, Joaquín Laso, Barrionuevo y Banegas; Jabes Saralegui, Bruno Leyes, Martínez y Elías Cabrera; Romero y Russo.

Hecho el análisis, la pregunta persiste: ¿con qué versión de Tigre se encontrará Atlético? La necesidad de la visita es imperiosa, pero en este duelo de urgidos, la balanza se inclinará a favor de quien muestre más carácter y lucidez. Así, todo está por verse: la realidad se verá cuando la pelota empiece a rodar este domingo desde las 17.30, en el Monumental "José Fierro".